Adéu, Antònia.

por irisclago

Hay música comercial en serie. Hay música “alternativa” en serie. Y hay música diferente; con personalidad, o “musicalidad”, propia. Antònia Font hacía esa clase de música. Tenían su propio lenguaje, tanto musical como poético; sus letras y sus melodías parecen siempre entretejidas para generar algo nuevo y compacto, algo único e invariable. Canciones que sería casi imposible hacer en serie, porque cada una tiene un espíritu, un alma. De la misma manera que sus discos, todos ellos redondos y todos ellos diferentes; cada uno con una atmósfera marcada y a la vez sin abandonar el sello de la banda mallorquina.

Antnia+Font

La semana pasada, Antònia Font anunció su disolución. La razón, muy loable, es que han decidido dejar su carrera antes de dar, según las palabras de su propio comunicado, “un paso atrás”, además de que los integrantes del grupo desean dedicarse a otros proyectos personales. Su decisión es irreprochable: es normal que tengan otras inquietudes y quieran dedicarse a ellas, y al mismo tiempo es de agradecer que no quieran dar un paso en falso en su carrera, como les ha sucedido a otros artistas que no han sabido “parar a tiempo” o mantener su espíritu. Pero, por muy irreprochable y comprensible que resulte, la disolución no deja de ser traumática para aquellos que hemos seguido a la banda durante los últimos años. Ni siquiera tendremos oportunidad de verles actuar por última vez, a no ser que nos desplacemos a Palma a finales de diciembre, algo poco plausible para los que no vivimos en “ses illes”.

Desde que se dio la noticia, sin embargo, aún no he visto un impacto excesivo en los medios (la correspondiente noticia que resulta ser una copia casi exacta del comunicado, sí, pero poco más). Hay que destacar que la emisora iCat les ofreció un espacio en su programación a modo de homenaje. Y puede que haya habido otros, en medios minoritarios, como este modesto blog desde el que yo intento poner mi granito de arena para que se le de a esta noticia la importancia que merece. Espero que la razón para este escaso impacto mediático sea el tiempo. Me gusta pensar que en un mes veremos documentales, reportajes y artículos sobre la influencia de nuestra querida Antònia en el panorama musical. Y  no solo en el balear o el catalán. Creo que su música debería conocerse y valorarse a nivel nacional, e incluso internacional: su singularidad lo reclama. Tal vez, como la mayoría de méritos, el suyo se otorgue a título “póstumo”. Lo que es indudable es que lo merecen.

Antònia Font han explorado nuevas formas de expresión musical. Han llevado la ciencia ficción a la música y la música al espacio exterior, sin perder un ápice de cercanía con el público. Han hecho canciones estivales, invernales y de estaciones que ni siquiera conocemos. Han estimulado nuestra imaginación, y nos han dado vías para expresar lo que hasta entonces creíamos inexpresable. Han descubierto, con cada nuevo disco, un universo nuevo y muy familiar al mismo tiempo. Nunca han dejado de buscar. Ni de mostrarnos lo encontrado, como un niño enseña a sus padres cada nuevo descubrimiento que hace sobre el mundo.

Puede que todo esto suene exagerado, pero lo digo con toda sinceridad. Si conoces a Antònia, seguramente me entenderás. Y, si no la conoces, te animo a que la escuches, porque aunque nos diga adiós, deja tras de sí un enorme legado del que podemos seguir disfrutando, un legado que podemos transmitir sin dejar que quede en el olvido. Esta es mi pequeña esquela para Antònia. Y espero que reciba el reconocimiento que merece, porque, sin ella, no conoceríamos planetas que ahora nos son tan cercanos.

Adéu, Antònia… i gracis.

(punt i principi)

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