‘También esto pasará’

por irisclago

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Cuando paso un par de meses sin leer un libro entero (cosa que no debería pasar nunca pero que, con este desgraciado ritmo de vida que llevamos, es casi inevitable), una de las cosas que más echo de menos, a parte del evidente placer de la lectura, es esa sensación de entre felicidad, melancolía, parálisis y vorágine al terminar la última página.

No todos los libros  la provocan con la misma intensidad, pero en el caso de También esto pasará, a mí sí me ha sucedido. A pesar de ser un libro bastante corto, me costó unos cuantos minutos cerrarlo y dar por terminado el paseo por Cadaqués de la mano de Milena Busquets. Y, de hecho, el paseo aún no ha terminado. Ese “retrosabor” que es la mejor garantía de haber leído un buen libro o visto una buena película me acompañará todavía durante un tiempo.

También esto pasará no es un libro sesudo. Pero esconde la verdad de la vida, o de algunas vidas, y eso es suficiente para que vaya más allá de lo anecdótico. Es, además, lo que se podría llamar un libro-caricia. No te escupe las crueldades, te las va susurrando con sutileza, y eso hace que te cale sin hacerte pasar un mal rato como lector (hay libros buenísimos pero que te hacen sufrir como una jabata). Que no digo que no lo vayáis a pasar mal en algún momento si lo leéis, porque las verdades, por muy sutiles que sean, a menudo hacen pupita. Y Milena dice muchas.

Pero también os reiréis, de eso tengo pocas dudas. La ironía de la narración, las reflexiones y las agudas críticas a algunos comportamientos humanos generan una empatía inevitable con la protagonista, Blanca, quien reconoce sin problemas que lo de ser adulta no acaba de ser lo suyo.  Y es que tal vez nunca acabemos de sentirnos adultos.

La sinceridad sin escrúpulos, la aceptación de los propios defectos, la importancia de vivir con ligereza -como dice Blanca en algún fragmento-, el inevitable peso de nuestras pérdidas a la espalda, son algunos de los pilares que sustentan un libro aparentemente simple, pero con múltiples invitaciones a lo complejo. Las escenas de aire bucólico y veraniego se superponen a la omnipresente sombra del principal motivo del relato, el duelo ante la pérdida de la figura materna, y casi la enmascaran en algunos momentos.

Pero este no es solo un libro de pérdida, es un libro de aceptación; la última fase del proceso del duelo (según dicen los especialistas) está latente prácticamente en toda la obra, como un aprendizaje inevitable que debemos extraer de ella. “También esto pasará”, nos dice la madre de Blanca desde su cuento chino. Y es agradable creerla.

Poco más tengo que decir, solo dar las gracias a Milena por ese paseo demasiado breve, por un consuelo más dentro de la existencia absurda. Aquí abajo os dejo algunas citas del libro, pero si tenéis pensado leerlo, es mejor que subáis directamente a esa barquita que os llevará a navegar entre las calas de Cadaqués, los encuentros fugaces, las amistades eternas y, sobre todo (y aprovecho para brindar en este primer domingo de mayo), el vínculo irreemplazable y férreo entre una madre y una hija.

Siempre he pensado que los que dicen “te quiero mucho”, en realidad te quieren poco o tal vez añaden el “mucho”, que en este caso significa “poco”, por timidez o por miedo a la contundencia del “te quiero”, que es la única manera verdadera de decir “te quiero”. El “mucho” hace que el “te quiero” se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es.

Afortunadamente, los celos caducan (…). El amor no, al menos en mi caso. Sigo queriendo a toda la gente a la que un día quise, no puedo evitar ver, a través de todas las deserciones y de la mayoría de las deslealtades propias y ajenas, a la persona, prístina y clara, de antes de que todo se convirtiese en ceniza. Con cierta heroicidad estúpida, no reniego de ninguno de mis amores ni de ninguna de mis heridas. Sería como renegar de mí misma.

-A mí me gustan los tíos que me dan ganas de ser más lista de lo que soy. -Y añado en voz baja-: Normalmente me dan ganas de ser más tonta.

Nuestro interior acaba atrapándonos siempre. Acabaremos siendo quienes somos, la belleza y la juventud solo sirven para camuflarnos durante un tiempo (…). Ocurre lo mismo con la tristeza que, como finísimas capas de cristal crujiente, se va depositando sobre nosotros, nos va cubriendo poco a poco. Somos como el guisante del cuento, enterrado debajo de mil colchones, como una luz brillante que parpadea débilmente. Y, como en los cuentos, solo el amor verdadero, y a veces ni siquiera eso, puede acabar con la pena. El tiempo la mitiga, como hace con nosotros, como un domador de circo.

Bonus track

Ayer estuve toda la noche enganchada leyendo el blog de Milena Busquets, aunque la mayoría de entradas son de hace ya tiempo. Lo descubrió mi amiga Annabel, y algunos post tienen su gracia (y creo que demuestran que Milena es un poco Blanca, y al revés). Por si tenéis curiosidad, es este de aquí.

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