D’A 2020: My Mexican Bretzel y otras perlas

por irisclago

Captura de pantalla 2020-05-05 a las 0.49.46Fotograma de ‘My Mexican Bretzel’

De lo visto este año en el D’A (que, afortunadamente para muchos, ha tenido que realizarse online y ha puesto su programación a disposición de todos los usuarios de Filmin), tengo muy claro que la joyita de la corona es My Mexican Bretzel. Y no lo digo solo yo, dado que se ha llevado un muy merecido Premio del Público.

La película nos presenta la historia de una mujer que vivió en los años 40-60, Vivian Barrett, a través de textos de su diario íntimo (a modo de subtítulos en la pantalla) y de las filmaciones caseras de su marido, León Barrett.

Ya sus ingredientes principales, las home movies y el diario íntimo, son dos de mis obsesiones, por lo que puede que mi percepción esté algo sesgada, pero os recomiendo de corazón esta pequeña perla que subvierte las convenciones del documental y de la ficción, de casi todo en realidad, y nos hace cuestionarnos por qué las historias reales nos atrapan, cuáles son los mecanismos que rigen nuestra curiosidad, hasta qué punto importa si las historias que se nos explican son o no verdaderas.

Captura de pantalla 2020-05-04 a las 23.47.52Fotograma de ‘My Mexican Bretzel’

Ya sabemos que uno de los métodos que se utilizaban para captar al lector en épocas como el romanticismo era que la historia fuese narrada por un testigo, o que se sugiriese que esta pudiera estar basada en un hecho real. Hay un resorte que tenemos dentro y que se dispara cuando creemos estar mirando por un agujerito hacia la intimidad de otra persona, o deleitándonos con los detalles más escabrosos de un crimen que no nos afecta, o, en realidad, siendo testigos cualquier desgracia ajena.

Es por eso que la película tal vez no nos calaría tan hondo si desde el primer momento la mirásemos bajo el prisma de la ficción.

En cualquier caso, la verosimilitud del personaje protagonista, Vivian Barrett, nos lleva a la identificación y nos acerca a una manera bella de mirar el mundo, desde lo pequeño, desde lo que cada uno de nosotros atesora en su interior o, como en esta historia, en las páginas de un diario.

Las imágenes, filmadas por los propios abuelos de la directora, nos transportan y nos mueven con un silencio que a veces se me antoja excesivo. Pero, tal vez por eso, algunas de ellas se quedan profundamente impregnadas en la memoria.

Al mismo tiempo, se nos hace evidente el contraste entre el lenguaje literario (diario de Vivian) y fílmico (filmaciones de su marido), dos lenguajes que chocan y se acompañan a partes iguales, que nos muestran dos modos de ver y pensar el mundo.

No diré más, solo os recomiendo verla, disfrutarla y dejar que entre en vosotros poco a poco (a mí sus entresijos se me han ido tejiendo dentro mucho después de haberla visto en la pantalla).

still_1_3_790x398Fotograma de ‘Video Blues’

En la línea del videodiario, en este caso más centrado en la autoficción, me gustaría destacar Vídeo Blues, de Emma Tusell, montadora de películas maravillosas como Magical Girl. En el film, la directora revisa home movies familiares desde su infancia hasta la actualidad, al mismo tiempo que mantiene un diálogo fuera de campo con su pareja. Oír las voces de ambos conversando (ella, narrando su historia familiar; él, interpelándola constantemente) hace que nos sintamos cercanos al proceso de creación de la película, dotándola de un metalenguaje delicioso. La película tiene, además, como casi toda autoficción, un componente de redención que terminamos por sentir también en nuestra propia piel, como si se nos liberase del peso del tiempo. Video Blues también es un diálogo con la muerte, el duelo y la aceptación.

Dejando de lado estas piedras preciosas, el festival también me ha hecho ver que con la autoficción, el videodiario y estos ingredientes que tanto me gustan, también se pueden hacer mediocridades, ejercicios de ego sin sentido e incluso verdaderas aberraciones. Pero esto me daría para otro post sobre “malas prácticas” audiovisuales. La verdad es algo que no depende de la ficción, tampoco de la no ficción. La verdad es algo que se ve, se percibe. Y esa verdad no la vi en algunos títulos que no voy a mencionar.

431952F2-6705-4189-849A-023E26BEF7D5-696x383Fotograma de ‘Violeta no coge el ascensor’

Ya saliendo del terreno del material de archivo, pero sin abandonar la exploración del límite entre ficción y realidad, nos encontramos con otra película hecha con mucho mimo que nos trae un ratito de verano en un momento en que resulta bastante necesario: Violeta no coge el ascensor, de Mamen DíazEsta bonita adaptación de Hannah Takes the Stairs (reconozco que no conocía la original) nos presenta la historia de Violeta, una joven que se busca a sí misma a través de su relación con los demás.

La película puede parecer superficial en algunos momentos, pero en otros alcanza un nivel de profundidad sorprendente, que contrasta con su aire despreocupado e incluso humorístico. Interesantísima me parece la cuestión central (y a la vez, tratada solo sutilmente) de la película: la responsabilidad sobre los cadáveres emocionales que dejamos a nuestro paso.

La realización es tremendamente naturalista, recordando a la nouvelle vague y se supone que al llamado Mumblecore (nueva adquisición en mi diccionario audiovisual). Incluso se añaden pequeñas pinceladas metacinematográficas, con la arriesgada decisión de  alargar algunas escenas hasta el “corta, es buena” o incluir en ellas indicaciones de la directora; y digo arriesgada porque esta opción de montaje podría sacarnos totalmente del pacto de ficción, pero en cambio, de algún modo consigue dar más gravedad a lo que se nos intenta contar, y llevarnos a un terreno poco explorado.

Captura de pantalla 2020-05-07 a las 18.39.04Fotograma de ‘Le regard de Charles’

Otras películas bonitas que he visto en el festival son Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin, de Herzog, Le regard de Charles (Aznavour) Andrey Tarkovsky. A Cinema Prayer, de las que no diré mucho más porque todas vienen avaladas por grandes nombres.

También This Is Not a Burial, It’s a Resurrection merece una mención, película bellísima sobre el arraigo, con una fotografía espectacular y una protagonista imponente. Y, cómo no, debo referirme también a la ganadora del Premio del Jurado, Un blanco, blanco día, curioso (aunque en mi opinión no brillante) thriller sobre el proceso de duelo y la infidelidad, rodado en una Islandia sobrecogedora a la par que luminosa (a modo de anécdota destacaría su punzante y divertida crítica a cierto tipo de  psicólogos).

20thcentury_0heroFotograma de ‘The 20th Century’

Y, como bonus track, las dos pelis más frikis del festival: Jesus Shows You the Way to the Highway (con la que Miguel Llansó vuelve a su especialísima ciencia-ficción etíope, esta vez mezclada con el cine de espionaje y, como siempre, con una buena dosis de crítica social) y The 20th Century, de Matthew Rankin. Esta última me dejó bastante alucinada. Se trata de un biopic sobre un personaje real, William Lyon Mackenzie King, ex primer ministro de Canadá, aunque me pregunto si en la historia que se cuenta hay algo de verdad. Pocas veces veréis un biopic en que el protagonista quede tan mal parado, y difícilmente un biopic tan poco aburrido sobre un político. Muy recomendable para echarse unas risas y salir un poco de nuestro limitado espacio mental hacia mundos más oníricos con una película rebosante de imaginación que, si bien tiene sus dejes de otros directores, también conserva algo de genuino que se hace loable en una ópera prima.

Y hasta aquí mi repaso del D’A 2020. Me he dejado por el camino títulos del festival que ya había visto previamente (como Las Buenas Intencionesuna cinta argentina entrañable que pasó por San Sebastián y que os recomiendo ver si os estáis divorciando), otras que no me ha dado tiempo a ver, y otras que, sencillamente, no me han entusiasmado.

En cualquier caso, esta ha sido una edición especial muy aprovechada, con la interesante ventaja de poder ver las películas desde el sofá, aunque con la tristeza de no poder compartir sala y emoción con compañeros de profesión y espectadores. Esperemos volver a encontrarnos pronto en las salas de cine…