Proyecto Abecedario #07: G de Guardilla

por irisclago

Ha habido una pausa. Sí. Ha sucedido lo inevitable del verano. Pero también otras cosas evitables que ahora prefiero no enumerar. Al menos aquí estoy, de vuelta. Hola, queridos.

Para la letra G, el diccionario me regaló la palabra Guardilla. Una más para mi colección de palabras aprendidas este año. Esta es la definición que da la RAE:

guardilla1

f. buhardilla.

guardilla2

De guardar.    
1. f. En costura, cierta labor para adornar y asegurar el cosido.         
2. f. Cada una de las dos púas gruesas del peine que sirven de resguardo de las delgadas. U. m. en pl.

He utilizado, en este caso, la segunda acepción.

Aquí tenéis los resultados:

TEXTO

A ti te gustaba coser junto a la ventana. Cogías tu labor, te sentabas en tu silloncito forrado de tela, te ponías el dedal y empezabas. Era como un ritual hecho de costumbre, estabas tan habituada a hacerlo que tus gestos eran automáticos y no era raro que tu mirada se perdiera en el vacío, como buscando una canción de infancia en algún punto del aire, en las partículas de polvo suspendidas, mientras los dedos se movían ágilmente, con seguridad, con calma. No había preocupación en tu quehacer, no había miedo. Solo certeza, hábito, camino que se hace al estilo del poeta, maniobras simples que se suceden unas a otras y, de repente, terminan y dan lugar a un resultado casi inesperado; el botón, perfectamente unido de nuevo a la bata de la que cayó. El calcetín, sin apenas signos de haber estado lleno de agujeros pocos minutos atrás. Y la bufanda, que antes no existía más que de forma latente en el ovillo, de repente muy presente y dispuesta a abrigar el cuello de alguno de tus nietos.

Te gustaba ponerte allí, cerca del alféizar, porque tenías más luz, pero también porque de vez en cuando oías pasar a las vecinas y podías recoger retazos de sus conversaciones e incorporarlas al hilo de tu canción, aquella canción que nunca cantabas en voz alta pero que siempre estaba en tus ojos. Tus vecinas eran diferentes a ti. Estaban más bien secas, más bien gastadas, apesadumbradas y con las voces roncas y quejumbrosas. Tú no, tú eras fresca, tú eras ligera, a pesar de tus muchos años y a pesar de tus mil surcos. Tú te parecías al agua de un río, y por eso me gustaba mirarte coser, con esa caja metálica de galletas sobre las piernas, con la mirada en el aire y la voz escondida. Me gustaba mirarte y aprenderte, intentarlo al menos, aunque tú no me prestaras ninguna atención. Yo hacía ver que jugaba, pero en el fondo no hacía más que observar la aguja que entraba y que salía, que entraba y que salía, el hilo que formaba círculos y elipses y que alguna vez se terminaba, y había que hacer un nudo y volver a enhebrarlo y empezar otra vez por donde se había dejado. Y cuando pasaba eso era mi momento preferido, porque entonces yo existía por un breve lapso de tiempo, entonces alargabas los brazos hacia mí, como invitándome a bailar, y me pedías que metiera aquel hilo puñetero por el ojo de la aguja, porque tu vista ya no era como antes. Pero no lo decías quejándote, solo me pedías prestada la pupila durante unos pocos segundos, y no te parecía humillante, ni triste, y a mí tampoco me lo parecía, aunque sí que me parecía que dentro de un tiempo ya no podrías coser y que entonces sí que ibas a dejar de flotar, y de cantar con la mirada, y de escuchar a las vecinas.

Pero cuando por fin pasó, cuando tuviste que dejar de coser, no te importó tanto como yo había creído. Solo dijiste que tendrías más tiempo para hacer madalenas. Y yo me acerqué a la ventana y miré hacia fuera, y solo vi una canción que se alejaba con el viento, como un hilo que hubiese salido volando y ondeara, cada vez más ligero, cada vez más cerca de aquel cielo sin nubes.

IMAGEN

2 POEMITAS

I

Me imagino a mí misma
con agujas de calceta
y me duermo acunada
por la paz de la vejez;
el sueño de la experiencia
ya plácido, ya sin peso,
el ovillo sin enredos
en la mesa el nescafé.
Los ojos casi dormidos,
la mirada desvelada,
los dedos no se despistan
y el eco canta a mi espalda.
Tengo nostalgia de hoy
en ese día inventado
y sin embargo hoy admiro
el arte de envejecer.
Cierro los ojos un rato
y cuando los abro miro
mis manos llenas de arrugas
y en el regazo un ovillo
(es mañana, hoy ya se fue).

II

La guardilla de mis manos no me deja tocarte,
la guardilla que sale de la punta de mis dedos,
como una blonda ancha alrededor de un pastel,
que no deja caer nata sobre la mesa.

La guardilla decora mis brazos, mi cintura, me rodea todita, me separa del mundo.
Mi guardilla no deja que llegues a tocarme,
me mantiene en silencio,
despintada, vacante.

Soy como un mantel de bodas,
como un ajuar enterito,
de esos que nunca se estrenan,
como una pieza de orfebre en una vitrina hermética.

Mi guardilla me protege de casi todo en la vida,
De lo único que no me guarda,
ay, ya sé,
es de mí misma.

Reflexiones sobre el proceso

Ha sido una palabra interrumpida, y aun así la siento cercana, cálida, tremendamente otoñal (quizá en ese sentido haya sido mejor alargarla hasta este ventoso inicio de otoño). En cualquier caso, es complicado juzgar un proceso interrumpido, algunos resultados me quedan ya lejanos y otros demasiado recientes. Las ganas de continuar pueden más que todas las horas que nos roba el inicio de este curso incierto. Sigo con el diccionario, pues… espero que más fiel al calendario.