Des bouts de miroir

Crítica cultural y otros fragmentos. Un blog de Iris Carrera Lago.

Categoría: Blog cultural

La reina de las nieves, de Carmen Martín Gaite

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Carmen Martín Gaite ya me había robado el corazón hace un tiempo con Nubosidad Variable, un cajón lleno de deliciosas cartas entre dos amigas de adolescencia que retoman el contacto, y que me tuvo una semana en barbecho literario después de terminarlo, como suele pasar con los buenos libros.

Y, ahora que acabo de terminar La reina de las nieves, me está volviendo a pasar lo mismo; soy incapaz de abrir otro libro, porque este todavía va dando vueltas por mi cabeza y las imágenes que he ido tejiendo de sus paisajes y de sus personajes me acompañan a todas partes: la Quinta Blanca -esa gran mansión que guarda todos los secretos-, los acantilados, el faro, la celda con luz de luna, el bar con la chica de las medias a rayas y con la cerillera Puck, un cuarto abarrotado de novelas subrayadas… Martín Gaite logra siempre crear universos que te absorben y te hacen dudar si no habrás vivido algún día en ellos, si tal vez ella no está haciendo más que recordártelos.

Esta novela es, además, un compendio de lecciones, de ideas y divagaciones que se cuelan entre las neuronas y empiezan a crear cortocircuitos casi sin que te des cuenta: el vértigo; la huida a mundos imaginarios; el cristalito que se nos mete en el ojo en el momento más inesperado; la importancia de desempolvar nuestros orígenes, lo que antes de que naciéramos ya estaba diciendo algo de nosotros mismos, lo que pasó a formar parte de nuestra identidad sin que nos diéramos cuenta.

La avispada Carmen domina la atención del lector a su antojo, juega con el tiempo, con la elipsis y con la variación del punto de vista, construyendo un puzzle complejísimo, casi tanto como aquel con el que Kay debía recomponer la palabra eternidad para la reina de hielo. Uno se siente desafiado, y a la vez acompañado por una calidez que aparece y desaparece: como la Señora de la Quinta Blanca, Martín Gaite se esconde a veces para observar al indefenso lector con una sonrisilla traviesa desde su escondrijo, y sale en su busca cuando le ve perdido en el frío; le tiende la mano y le lleva de vuelta al camino, para dejarle solo de nuevo ante el acantilado, con el viento entre los cabellos.

Recuerdo cuando yo tenía pocos años y estaba en una cafetería con mi madre; ella estaba leyendo este libro y me recitaba algunos pasajes, sobre todo los del cuento de Gerda y Kay. A mí me encandilaba imaginar aquella historia, y me ha vuelto a fascinar al leerla de adulta; he vuelto a querer ser la valiente Gerda que cabalga contra el viento sobre un reno hasta el palacio de hielo para descongelar el alma de su amigo. Pero, por primera vez, he tenido miedo de convertirme en Kay y que uno de estos días me pille desprevenida el viento y se me cuele un cristalito en el ojo.

La reina de las nieves huele a sal de mar y a cajones que llevan mucho tiempo cerrados, y, como las mariposas de Sila, ha dejado tras de sí un polvillo brillante que me recuerda que ahora es un poco parte de mí. Aunque tal vez ya lo era…

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Curie, fuegos fatuos y la ligereza de vivir

La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

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Retrato que Marie Curie dejó en el ataúd de Pierre Curie, su favorito, al que este se refería como “joven estudiante aplicada”.

 

Ayer terminé de leer La ridícula idea de no volver a verte, un libro que coincidieron en recomendarme una de mis mejores amigas y mi principal consejera literaria (por supuesto, mi madre). Y es que las coincidencias están presentes en este libro de principio a fin, tanto de forma literal, mentadas constantemente por la autora, Rosa Montero, como de forma más inmaterial, flotando en el aire a cada bocanada de lectura.

Este es un libro sobre el duelo, sobre la pérdida del ser amado. Y sobre Marie Curie, una de las grandes mujeres de la historia y prácticamente la única reconocida como tal por los libros que estudiamos de pequeños.

Rosa Montero remarca en todo momento la determinación y la valentía de Curie para abrirse paso en un mundo en que no era bienvenida, y lo hace sin beatificarla: de hecho, sugiere que ella no reivindicó en ningún momento su condición de mujer, sino más bien al contrario. Curie se consideraba una excepción, prácticamente un hombre, y el resto de mujeres, las “de verdad”, debían permanecer con sus labores y sus criaturas, haciendo “lo que se debe”. De este modo, el ensayo nos muestra la cara y la cruz de la admirable científica; sus logros profesionales y su gran fortaleza para entregarse a su trabajo al mismo tiempo que cumplía con el rol de madre y esposa que por aquél entonces se le exigía, pero también su falta de implicación en la lucha por los derechos de la mujer.

Así, con Curie y su coraje por bandera, Montero emprende un relato a través del breve diario que la polaca escribió al morir su marido Pierre, tejiendo una analogía con su propia historia, la de la pérdida de su Pablo tres años antes de escribir el libro.

Esta obra es una clara demostración de que cualquier cosa se puede contar de una forma atractiva. Yo no tenía prácticamente ni idea de la historia de Marie Curie, a pesar de años y años de colegio e instituto, de libros y libros de física y química. Rosa Montero logra adentrarse en aquello que llaman “divulgación científica”, y lo hace porque mezcla la ciencia y la historia con un montón de cosas más. Porque trenza la vida personal y científica de los Curie (y cómo no iba a hacerlo, si estaban inevitablemente trenzadas). Y, claro está, porque juega con un lenguaje coloquial, cercano, y alude constantemente al lector.

No es ningún secreto que me gustan los libros que permiten una fácil identificación con lo que te están contando, y creo que en eso no me diferencio mucho de la mayoría; hay quien lo admitirá y quien no, pero a todos nos gustan un poquito los espejos. Es muy fácil identificarse con Rosa. Y es muy fácil identificarse con Marie.

Así que uno va comprendiendo lo que significó para aquella mujer lograr el aislamiento de un ridículo gramo de radio a partir de un mineral que ahora sé que se llama pecblenda. Y lo sé porque me han contado una historia bonita, en la que Marie y Pierre pasaban horas y horas en el laboratorio, comiendo mal y pasando frío, pero haciendo algo que les quitaba el sueño y les avivaba el alma. Meses y meses de trabajo durísimo para lograr que su laboratorio brillara al fin iluminado por los fueguitos fatuos de aquel nuevo elemento llamado radio, y que les valió un Nobel. El primero de Marie Curie, que ganó dos (el segundo ella solita), y eso lo sé porque… sí, porque me lo han contado bien.

Y a pesar de todo lo que he aprendido, lo más bello de la obra me sigue pareciendo, sin duda, la ternura que se desprende de las historias de Marie y Pierre, de Rosa y Pablo. La intimidad que se entrevé entre ambas parejas, siempre a través del cristal empañado de la ventana; las pasiones compartidas, las manías comprendidas y, sobre todo, el profundo encanto de lo sencillo. Probablemente son historias tan bellas porque fueron truncadas por la muerte. Pero es tan necesaria la belleza para nuestro mundo enfermo que al final los motivos son lo de menos.

Mientras leía las últimas palabras de Rosa Montero, pensé que lo primero que haría después sería buscar aquel diario de Marie Curie que, a través de unas pocas citas, me había parecido tan bello. Y cuál fue mi sorpresa al descubrir, en la siguiente página, el regalo del diario como apéndice del libro. Qué preciosidad. Qué casualidad, una vez más.

Y las palabras de Marie, a pesar del terrible momento de dolor en que las escribió, me sonaban a pequeñas partículas de felicidad encapsulada, como aquellos fulgurantes tubitos de radio verde azulado que describe el libro. Fuegos fatuos de la vida de una mujer que amó. Una mujer que dio su vida por la ciencia (las constantes exposiciones al radio acabaron por hacer que muriera a la pronta edad de 66 años). En cualquier caso, una mujer apasionada que merece toda mi admiración, y que, como dice Montero, se diría que acabó por aprender la ligereza de vivir, aunque fuera algo tarde.

Os dejo con algunas citas:

Somos relicarios de nuestra gente querida. Los llevamos dentro, somos su memoria.

La Muerte juega con nosotros al escondite inglés, ese juego en el que un niño cuenta de cara a la pared y los otros intentan llegar a tocar el muro sin que el niño los vea mientras se mueven. Pues bien, con la Muerte es lo mismo. Entramos, salimos, amamos, odiamos, trabajamos, dormimos; o sea, nos pasamos la vida contando como el chico del juego, entretenidos o aturdidos, sin pensar en que nuestra existencia tiene un fin. Pero de cuando en cuando recordamos que somos mortales y entonces miramos hacia atrás, sobresaltados, y ahí esta la parca, sonriendo, quietecita, muy modosa, como si no se hubiera movido, pero más cerca, un poquito mas cerca de nosotros.

Cuando uno se libera del espejismo de la propia importancia, todo da menos miedo.

La creatividad es justamente esto: un intento alquímico de transmutar el sufrimiento en belleza

Hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza (…). Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad

Solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien.

(De Einstein a Curie): “Si la chusma sigue ocupándose de usted, deje sencillamente e leer esas tonterías. Que se queden para las víboras para las que han sido fabricadas”.

Cuanto más te acercas a lo esencial, menos puedes nombrarlo. El tuétano de los libros está en las esquinas de las palabras.

 

 

3 lugares que me gustan de Tarragona (#BlogosferaTGN)

Cuando desde Tarragona Cultura me propusieron participar en la iniciativa #BlogosferaTGN y publicar mis 3 lugares favoritos de la ciudad, en seguida acepté sin pararme a pensar que escoger solo tres lugares no iba a ser tan sencillo.

Para mí el mayor encanto de Tarragona reside en su conjunto y no en un elemento concreto. Es cierto que el Anfiteatro, las playas o la Catedral son lugares emblemáticos y preciosos que pueden ser buenos embajadores de la ciudad, pero es complicado concebirlos sin su entorno. No puedo pensar en la costa sin pararme un momento en el Serrallo, ni concebir la Catedral sin embriagarme del ambiente de la Part Alta en todo su conjunto. A ello se añade la dificultad de hace ya meses que otros compañeros bloggers (estupendos, por cierto) han ido escogiendo sus lugares y configurando un mapa súper completo que podéis ver aquí.

Al final, me he decidido por tres lugares que tienen, para mí, cierto valor emocional más allá de su belleza o su función, y que no quiero llamar “lugares favoritos” sino, simplemente, “lugares que me gustan de Tarragona”. Aquí los tenéis:

Escala Reial del Moll de Costa: un rincón fuera del mundo

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Esta escalera junto al puerto de la ciudad es uno de mis lugares favoritos para leer, escribir o pensar, junto con el tramo de rocas entre las playas de El Miracle y l’Arrabassada (que ya retrató Laia Díaz en Històries d’una Càmera).

El mar, desde mi origen atlántico hasta mi adopción mediterránea, siempre me ha aportado serenidad y la impagable sensación de estar en casa. El movimiento hipnótico del agua, el inconfundible olor a salitre y la tranquilidad de la zona hacen que pueda olvidar, aunque solo sea por un momento, el resto del universo.

Y, después de la lectura, nada mejor que un paseo por el Serrallo o por alguna de las exposiciones de los tinglados del Moll de Costa. Una dosis imprescindible de brisa marina para una moradora de la Part Alta.
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Lo gat: cenando con Jacques Tati

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Si uno entra en Lo Gat, lo primero que verá, muy probablemente, será la gran cantidad de carteles cinematográficos que decoran sus paredes. Lo siguiente, las originales velas sobre botellas de vino en las que, cera sobre cera, se va marcando el paso de los años como un recordatorio de la fugacidad, con formas tan curiosas que tal vez en ellas se pueda leer el futuro (o, con más certeza, el pasado y el presente). Y, con un poco de suerte, el visitante verá a su dueño, Gavi, una persona encantadora que da los abrazos más cálidos del universo.

Con Gavi nos encontramos la primera vez que cenamos allí las chicas de Seven6, cuando todavía teníamos al jefe Charlie al mando de nuestro comando teatral. Él nos descubrió este lugar, esta pequeña cueva cinéfila en la que, además del ambiente cálido y las charlas agradables, se puede disfrutar de unas deliciosas tostadas con nombres como “París,Texas” o “Soy un espía ruso”. Allí descubrimos Mon Oncle, que luego devoramos y añadimos instantáneamente a nuestra lista de favoritas, y allí nos hicimos un poco más lo que somos ahora. En mi recuerdo (y en mi estómago), las reuniones teatrales no podrían tener mejor emplazamiento.

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Kino: el País de las Maravillas

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El gran reloj que encontraréis a la entrada de este pequeño bar situado en la Plaça del Pallol es un elemento paradójico; probablemente la dulce y teatral Silvana lo puso allí para confundirnos a todos, pues parece que en el Kino no pase el tiempo. O que, una vez entras o te sientas en su terraza, pases a vivir en un tiempo paralelo. A veces da la sensación de haberse dormido, pues de repente se presentan allí las situaciones más oníricas.

Recuerdo especialmente una noche que pasé allí con Annabel (una de las primeras que pasé allí, de hecho), y en la que ninguna de las dos quisimos marcharnos a casa a cenar por ver cómo terminaba el sueño. En la trastienda del Kino hay una guitarra. Pero no se lo digáis a nadie, es un secreto. Cuando Núria o Silvana la sacan, aparecen los boleros de Roberto, te abraza la voz de Soledad, o se acercan la sonrisa y el rasgueo de Julio. O los desconocidos de la mesa de al lado resultan ser un estupendo dueto francés que ameniza la noche y provoca cálidos aplausos entre los improvisados fans.

Y otros días no pasa nada. Absolutamente nada. Y el Kino vuelve a ser la raíz de un árbol que esconde el País de las Maravillas.

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Bonus track (y no por ello menos importante): la farola de L’Oliva

Debo confesar que uno de los lugares escogidos para este post era, originalmente, una farola situada en L’Oliva. Pero no la encontré. Bajo esa farola está el lugar (aparentemente) más inhóspito en el que he actuado con mis queridas Seven6, y para mí representa que no hay lugar donde la cultura no pueda ir, y que el lugar más bonito del mundo no es otro que allí donde ella esté, siempre y cuando haya quien la reciba con los cinco sentidos. Tomad nota y moved el culo. He dicho.

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P. D.: Como parte de la iniciativa #BlogosferaTGN también me han hecho escoger un objeto cultural que me llevaría a una isla desierta. Si os apetece saber cuál es, podéis ver la entrada que me han dedicado en el blog de Tarragona Cultura haciendo clic aquí

Núria Güell: removiendo conciencias desde el arte.

Tengo que reconocer que la política nunca me ha interesado demasiado, aunque creo firmemente que es algo que debería interesarnos a todos. Pero es un tema que siempre me ha provocado impotencia y agotamiento mental a partes iguales. El mundo está enfermo, soy de la opinión de Mafalda (que es mi referente político principal, a parte de mi amigo Pablo). Y es tan complicado que se cure que al final, como tantos otros, una acaba por pensar que no vale la pena romperse los cuernos contra un muro de hormigón. Eso, al mismo tiempo y paradójicamente, me hace admirar a las personas que no se rinden, que tratan de agitar conciencias y cambiar las cosas desde la base, desde las personas, aunque tenga que ser una a una.

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En los últimos días, me he tropezado con varias iniciativas que utilizan el arte y la cultura como arma política, o al menos como una herramienta para remover conciencias, lo cual me parece absolutamente necesario y loable.

Una de las personas cuyo trabajo me ha sorprendido en este sentido es Núria Güell. La conocí por esta entrevista de Amor a l’Art, y me pareció muy interesante su forma de usar el arte como paraguas protector para llevar a cabo acciones que, fuera del ámbito artístico, podrían suponer un delito.

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Núria Güell y Levi Orta en el Campus Künstainer, Tarragona. Imágenes: Künstainer

Hace pocos días, Güell estuvo dando una charla en Tarragona, en el Campus Künstainer. Junto con su compañero Levi Orta, explicó dos de las acciones que ha llevado a cabo recientemente; la primera consistía en una sesión formativa y un manual sobre cómo expropiar a los bancos, y la segunda, en la creación de una empresa en un paraíso fiscal por vías completamente legales y en su donación (con la colaboración del Museo Reina Sofía, por increíble que parezca) a un colectivo anticapitalista. La acción en el Reina Sofía culminó, además, en un debate con filósofos y economistas de renombre sobre la legitimidad de una acción artística de este calibre para poner de manifiesto los sistemas de corrupción ¿es ético denunciar o combatir las estrategias capitalistas utilizando estas mismas estrategias? En este link de la página del Reina Sofía podéis leer más información sobre el proyecto artístico, que lleva como título “Arte político degenerado. Protocolo ético”.

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Imagen: Elmundo.es

Me parece apasionante el trabajo de la artista, pero igualmente importante el hecho de que se explique, se difunda y se conozca. El trabajo de Núria Güell remueve conciencias, invita a pensar, a plantearse las cosas, y al mismo tiempo es tangible, no se queda en el plano teórico. Por ejemplo, la donación de la empresa creada por Güell y Orta en un paraíso fiscal facilita actualmente el trabajo del colectivo anticapitalista al que se donó, y el manual sobre cómo expropiar dinero a los bancos está editado y se puede comprar en las librerías o descargar de internet (aquí). Es sorprendente ver cómo desde dentro del propio sistema, y bajo la protección de la institución artística, es posible realizar este tipo de acciones que remueven, aunque sea a pequeña escala, los cimientos de un sistema aparentemente blindado.

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Os invito a explorar su página web, donde explica con detalle estos y muchos otros proyectos interesantes.
Bonus track – Aquí os dejo la web de Raquel Friera, otra interesante artista que trabaja desde lo político y lo social, y que presentó dos de sus proyectos (El brillo del arte y La selva laboral) en la misma sesión del Campus Künstainer.

P. D.: Mención especial para el colectivo Künstainer y El Teler de Llum (centro de arte de Tarragona) que coorganizan estas interesantísimas sesiones. Os animo a asistir a las sesiones que quedan del Campus, son abiertas al público (aquí tenéis el cartel).

P. P. D.: ¿Conocéis a más artistas que remuevan conciencias? Me encantará que me lo contéis.

Rombo, Santa y Caravana: obsesiones musicales de primavera

Sí, soy de esas. Me gusta el pop. Vaya por dios, y yo que pensaba que esta chica tenía criterio. La verdad es que hay pocos tipos de música que me desagraden. No sé quién me decía que hay gente que no tiene filtro; yo no creo que no lo tenga, pero es más bien un colador de agujeros grandes. Y una de mis debilidades, sí, son las canciones happy, positivas, melódicas, easy-listening o como quieras llamarlas; de las que te pones y te gustan la primera vez, pero también al cabo de diez loops.

Y en este post quería hablaros de mis tres obsesiones de mayo. De esas fijaciones recurrentes que acaban sonando como mínimo una vez al día, y que tanta compañía hacen en los ratos de trabajo. Todo mujeres, por cierto, porque otra debilidad que tengo son las voces femeninas.

Pues ahí van…

Rombo

Descubrí a este grupo debutante por casualidad, escuchando Els Experts (un programa de radio que, por cierto, os recomiendo). Al principio pensé que pecaba de facilón, pero algo me empujó a escuchar el disco, y después de eso algo me empujó a escucharlo otra vez, y ya se convirtió en un no parar. El primer disco de las Rombo, cuatro chicas con unas voces muy bonitas, es corto -dura algo menos de media hora- y agradable de escuchar, con letras sencillas pero incisivas y acertadas, y melodías “buenrolleras” en su mayoría (Experts, Animal Criminal), a las que se suman un par de temas lentos muy cautivadores (Camps, Amfibi). Ah, y, por cierto, podremos ver qué tal se defienden en directo en el Festival Minipop de Tarragona.


 
Santa

Zahara es una compañera imprescindible de mi día a día desde hace ya un par de años. Creo que la conocí en aquella “Lucha de gigantes”; después me enamoré de La pareja tóxica, pero lo que fue definitivo fue verla en directo en la Sala Zero, porque esta mujer sobre un escenario tiene un poderío considerable. Y me quedé enganchada para siempre. Y ahora ha sacado disco, Santa. Hay que decir que en este álbum ha cambiado de registro, no sé si hacia algo más comercial, o simplemente más ochentero, y ha añadido tintes de electrónica que no acaban de ser mi estilo. Pero lo escucho una y otra vez, que alguien me explique por qué. Cada día. Y si no, me entra mono. Será que me hace bailar por el salón de mi casa. Buenas letras en su mayoría, algunas con referencias religiosas que nos dibujan una sonrisa irónica (“Inmaculada decepción”, “Hágase tu voluntad”), y un precioso “Int. Noche” final. En cualquier caso, este disco mola.


 
Caravana

Y termino con Bambikina, una cantante de estilo folkie que descubrí gracias a un anuncio muy gracioso de Ikea. Solo se pueden escuchar cuatro o cinco temas suyos por las redes, pero mis patitas de mosca ya se han enganchado a su telaraña. Esa vocecilla se ha hecho necesaria para los momentos del café templado y el último rayo de sol por la ventana [sí, estoy muy cursi, será la primavera]. También es verdad que todo lo que sea una guitarra acústica y una vocecilla suave me encandila fácilmentetodo hay que decirlo, y reconozco que no hay ningún mérito especial que distinga las canciones de esta chica de las de cualquier otra cantante folk. Pero los hechos son los hechos, y Caravana suena una y otra vez en mis cafés, tal vez porque su manera de cantar me transmite cosas, y a veces eso es suficiente y, en mi opinión, incluso más importante que la supuesta calidad de una melodía o una letra. Así que habrá que seguirle la pista…

‘También esto pasará’

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Cuando paso un par de meses sin leer un libro entero (cosa que no debería pasar nunca pero que, con este desgraciado ritmo de vida que llevamos, es casi inevitable), una de las cosas que más echo de menos, a parte del evidente placer de la lectura, es esa sensación de entre felicidad, melancolía, parálisis y vorágine al terminar la última página.

No todos los libros  la provocan con la misma intensidad, pero en el caso de También esto pasará, a mí sí me ha sucedido. A pesar de ser un libro bastante corto, me costó unos cuantos minutos cerrarlo y dar por terminado el paseo por Cadaqués de la mano de Milena Busquets. Y, de hecho, el paseo aún no ha terminado. Ese “retrosabor” que es la mejor garantía de haber leído un buen libro o visto una buena película me acompañará todavía durante un tiempo.

También esto pasará no es un libro sesudo. Pero esconde la verdad de la vida, o de algunas vidas, y eso es suficiente para que vaya más allá de lo anecdótico. Es, además, lo que se podría llamar un libro-caricia. No te escupe las crueldades, te las va susurrando con sutileza, y eso hace que te cale sin hacerte pasar un mal rato como lector (hay libros buenísimos pero que te hacen sufrir como una jabata). Que no digo que no lo vayáis a pasar mal en algún momento si lo leéis, porque las verdades, por muy sutiles que sean, a menudo hacen pupita. Y Milena dice muchas.

Pero también os reiréis, de eso tengo pocas dudas. La ironía de la narración, las reflexiones y las agudas críticas a algunos comportamientos humanos generan una empatía inevitable con la protagonista, Blanca, quien reconoce sin problemas que lo de ser adulta no acaba de ser lo suyo.  Y es que tal vez nunca acabemos de sentirnos adultos.

La sinceridad sin escrúpulos, la aceptación de los propios defectos, la importancia de vivir con ligereza -como dice Blanca en algún fragmento-, el inevitable peso de nuestras pérdidas a la espalda, son algunos de los pilares que sustentan un libro aparentemente simple, pero con múltiples invitaciones a lo complejo. Las escenas de aire bucólico y veraniego se superponen a la omnipresente sombra del principal motivo del relato, el duelo ante la pérdida de la figura materna, y casi la enmascaran en algunos momentos.

Pero este no es solo un libro de pérdida, es un libro de aceptación; la última fase del proceso del duelo (según dicen los especialistas) está latente prácticamente en toda la obra, como un aprendizaje inevitable que debemos extraer de ella. “También esto pasará”, nos dice la madre de Blanca desde su cuento chino. Y es agradable creerla.

Poco más tengo que decir, solo dar las gracias a Milena por ese paseo demasiado breve, por un consuelo más dentro de la existencia absurda. Aquí abajo os dejo algunas citas del libro, pero si tenéis pensado leerlo, es mejor que subáis directamente a esa barquita que os llevará a navegar entre las calas de Cadaqués, los encuentros fugaces, las amistades eternas y, sobre todo (y aprovecho para brindar en este primer domingo de mayo), el vínculo irreemplazable y férreo entre una madre y una hija.

Siempre he pensado que los que dicen “te quiero mucho”, en realidad te quieren poco o tal vez añaden el “mucho”, que en este caso significa “poco”, por timidez o por miedo a la contundencia del “te quiero”, que es la única manera verdadera de decir “te quiero”. El “mucho” hace que el “te quiero” se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es.

Afortunadamente, los celos caducan (…). El amor no, al menos en mi caso. Sigo queriendo a toda la gente a la que un día quise, no puedo evitar ver, a través de todas las deserciones y de la mayoría de las deslealtades propias y ajenas, a la persona, prístina y clara, de antes de que todo se convirtiese en ceniza. Con cierta heroicidad estúpida, no reniego de ninguno de mis amores ni de ninguna de mis heridas. Sería como renegar de mí misma.

-A mí me gustan los tíos que me dan ganas de ser más lista de lo que soy. -Y añado en voz baja-: Normalmente me dan ganas de ser más tonta.

Nuestro interior acaba atrapándonos siempre. Acabaremos siendo quienes somos, la belleza y la juventud solo sirven para camuflarnos durante un tiempo (…). Ocurre lo mismo con la tristeza que, como finísimas capas de cristal crujiente, se va depositando sobre nosotros, nos va cubriendo poco a poco. Somos como el guisante del cuento, enterrado debajo de mil colchones, como una luz brillante que parpadea débilmente. Y, como en los cuentos, solo el amor verdadero, y a veces ni siquiera eso, puede acabar con la pena. El tiempo la mitiga, como hace con nosotros, como un domador de circo.

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Ayer estuve toda la noche enganchada leyendo el blog de Milena Busquets, aunque la mayoría de entradas son de hace ya tiempo. Lo descubrió mi amiga Annabel, y algunos post tienen su gracia (y creo que demuestran que Milena es un poco Blanca, y al revés). Por si tenéis curiosidad, es este de aquí.

Cine: tres recomendaciones de 2014 hechas en casa

La verdad es que tengo cierta tendencia a lo que podríamos llamar “cultura de proximidad”; las películas, la música, los poemarios que me atrapan son a menudo hechos cerca de casa. No sé si por empatía, por accesibilidad o por casualidad.

Por eso al pararme a pensar en el cine de 2014 que he visto, no me ha sorprendido demasiado reparar en que en la cúspide del ranking hay mucho cine español. Y de calidad. De hecho, creo que este ha sido un año especialmente bueno, no sé si en la creación de buenas películas o en su difusión, porque estoy convencida de que buenas piezas las hay todos los años, otro tema es que lleguen a nuestros ojos y oídos.

Y precisamente por eso, por si a alguien aún no le han llegado estos títulos, me gustaría compartir tres recomendaciones de este 2014, las tres películas españolas que se han quedado dando vueltas por mi mente mucho tiempo después de verlas.

Magical Girl, de Carlos Vermut, es una película redonda. Guion y fotografía impecables, música desconcertante y tensión permanente. Provoca sonrisas, provoca risas, provoca escalofríos y provoca dentera. Precisamente es lo que más me apasiona de ella: sacude al espectador, y eso es complicado de encontrar hoy en día, en que estamos acostumbrados a casi todo y cada vez nos sorprendemos o alteramos menos al ver una película. Uno no sale indiferente de la sala (o del salón) después de ver Magical girl. Y eso vale una Concha de Oro, y mucho más.

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10.000 km, de Carlos Marqués-Marcet es un canto agridulce (tal vez más agrio que dulce) a las relaciones a distancia en la era de la información. De hecho, no solo habla de relaciones a distancia, sino de relaciones en general. Su lenguaje, universal pero sutil, va directo a lo más hondo casi sin que nos demos cuenta. Y es que no se trata de una película de grandes dramas, sino de desgastes cotidianos, de pequeños detalles con importancia. La identificación es la carta más alta que juega Marqués-Marcet, y lo hace con maestría. Eso sí, nudo en la garganta asegurado.

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Las altas presiones, de Ángel Santos, ha sido el gran descubrimiento de este año. Un viaje introspectivo, pausado pero no apacible, que explora un momento vital complejo de su protagonista. Extremadamente cercana, la película nos lleva de la mano por los parajes gallegos y logra armonizar un lenguaje agradablemente poético con el golpe de aire frío de la realidad desnuda. Hace poco, blogdecine.com la situaba en esta lista de las grandes desconocidas (y recomendables) de 2014, y con toda la razón. Es merecedora de un protagonismo en el panorama nacional que, por desgracia, no ha tenido.

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Es necesario hacer una ‘mención especial’ al Festival Rec de Tarragona, que proyectó las tres joyitas durante su última edición, el pasado mes de diciembre. Además, las sesiones contaron con la presencia de los tres directores, que nos regalaron muy buenos momentos y palabras, y demostraron que las grandes películas suelen salir de grandes personas.

Y, como bonus track, aprovecho para reivindicar la poca valoración que se da a la comedia cuando hablamos de cine de calidad. Carmina y amén y su antecesora Carmina o revienta son, en mi opinión, la clara demostración de que es posible hacer comedia autóctona de calidad y sin caspa. Ahora que está tan de moda que los actores se pongan a dirigir, con un escaso porcentaje de éxito, Paco León ha supuesto una sorpresa grata, especialmente en la dirección actoral: los intérpretes trabajan sin guión, aunque acaban por llegar a él a través de las indicaciones del director, de manera que la naturalidad resultante constituye uno de los trabajos de interpretación más convincentes de nuestro cine en mucho tiempo. Una sesión muy recomendable de risoterapia, pero como la vida misma, cruda y sin paliativos.

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Por suerte, me dejo por el camino muchas otras buenas películas de este último año, pero las que os he dejado arriba son una muestra de que por estos lares tenemos talento para rato.

Miniput 2014: los realities de calidad también existen

miniput2014El pasado sábado tuvo lugar la esperada cita anual con el Miniput: una selección de contenidos televisivos de calidad que cada año nos sorprende gratamente con formatos de lo más curiosos.

Este año, en mi opinión, la gran sorpresa ha sido Marriage at first sight, un reality danés del que se podía esperar el tono de innecesaria morbosidad que predomina en tantos programas de nuestra televisión, pero que, para el alivio del público, resultó dar una nueva perspectiva a este tipo de programa. La premisa es sencilla: tres parejas que no se conocen de nada deben casarse y convivir un mes; después, tienen que decidir si continúan casados o se divorcian. Pero detrás de la aparente superficialidad, hay una intención sociológica (como comentó en el debate posterior el propio productor de la serie, Michael Von Würden) que pretende explorar los límites del amor y la complejidad de las relaciones de pareja. De hecho, varios expertos de diferentes campos (psicología, sociología y sexología, entre otros) son los que se encargan de escoger a los participantes del programa de entre cientos de candidatos y de establecer las parejas que pueden tener más afinidad. Un interesante experimento que da como resultado un programa de tono documental, en que la cámara consigue una transparencia casi absoluta. No por eso el programa deja de ser entretenido, sino todo lo contrario; alimenta al vouyeur que llevamos dentro sin rayar en la inmoralidad, como sí hacen algunos de los realities que estamos acostumbrados a ver.

Todo lo contrario a Blanchman, programa también danés en que el presentador debate con otro hombre sobre diversos temas, ante la presencia de una mujer desnuda. La idea de la que parte el programa no es mala; los dos hombres deben reflexionar sobre el cuerpo femenino ante la visión de tres mujeres de diversas edades y constituciones completamente desnudas. Esto podría suscitar debates muy interesantes, pero al contrario de lo que podría esperarse, la conversación de los hombres se desvía y acaban hablando de todo menos de lo que tienen delante, generando un debate que bien podría suscitarse sin la presencia de la mujer. El programa generó una gran controversia entre el público del Miniput. ¿Era realmente necesario el cuerpo desnudo de la mujer para la charla? ¿Podría haber funcionado el formato con dos mujeres contemplando el cuerpo de un hombre? Estas fueron dos de las preguntas más repetidas por el público durante el fórum. Pero en mi opinión el problema no residía en el formato, sino en el poco aprovechamiento que se hacía de él, teniendo en cuenta las expectativas generadas.

Durante la jornada también se presentaron formatos de ficción como la serie sueca Real Humans, que vuelve a un tema tan trillado en ciencia ficción como es el de la humanización de los robots, o la inglesa Murder, un thriller que propone al espectador un puzle espaciotemporal y le obliga a poner los cinco sentidos en la trama. Además, en Murder sorprende por su uso del interrogatorio como hilo conductor de la historia, con unos personajes que miran a cámara y cuentan su versión de los hechos, en lo que me pareció un muy buen ejercicio actoral.

Por otro lado, cabe destacar el documental Web junkie, sobre un centro de rehabilitación para adictos a internet en China. En la pieza se puede ver cómo el día a día de los internos, en su mayoría adolescentes, es prácticamente el de un recluta del servicio militar, tanto que el poder judicial acabó cerrando el centro un tiempo después de que se rodara el documental. Sorprendente e interesantísimo, este documental muestra un fenómeno que probablemente pocos de los presentes conocíamos hasta el pasado sábado. Cuestión a parte, también relativa al mundo oriental, es el programa japonés Doorway to adulthood, un programa educativo sobre sexo en que se tratan cuestiones básicas, pero que aún son tabú en tierra nipona. Una buena selección de programas que nos ayudan a mirar más allá de nuestras fronteras.

En definitiva, una nueva edición del Miniput que nos muestra nuevos caminos televisivos, quizá con menos sorpresas que ediciones anteriores, pero manteniendo su alto nivel de calidad. Yo, de momento, creo que no me perderé la segunda temporada de Marriage at first sight (habrá que aprender danés…), ni la edición española del programa, cuyos derechos, según se dijo, ya están en poder Antena 3.

Adéu, Antònia.

Hay música comercial en serie. Hay música “alternativa” en serie. Y hay música diferente; con personalidad, o “musicalidad”, propia. Antònia Font hacía esa clase de música. Tenían su propio lenguaje, tanto musical como poético; sus letras y sus melodías parecen siempre entretejidas para generar algo nuevo y compacto, algo único e invariable. Canciones que sería casi imposible hacer en serie, porque cada una tiene un espíritu, un alma. De la misma manera que sus discos, todos ellos redondos y todos ellos diferentes; cada uno con una atmósfera marcada y a la vez sin abandonar el sello de la banda mallorquina.

Antnia+Font

La semana pasada, Antònia Font anunció su disolución. La razón, muy loable, es que han decidido dejar su carrera antes de dar, según las palabras de su propio comunicado, “un paso atrás”, además de que los integrantes del grupo desean dedicarse a otros proyectos personales. Su decisión es irreprochable: es normal que tengan otras inquietudes y quieran dedicarse a ellas, y al mismo tiempo es de agradecer que no quieran dar un paso en falso en su carrera, como les ha sucedido a otros artistas que no han sabido “parar a tiempo” o mantener su espíritu. Pero, por muy irreprochable y comprensible que resulte, la disolución no deja de ser traumática para aquellos que hemos seguido a la banda durante los últimos años. Ni siquiera tendremos oportunidad de verles actuar por última vez, a no ser que nos desplacemos a Palma a finales de diciembre, algo poco plausible para los que no vivimos en “ses illes”.

Desde que se dio la noticia, sin embargo, aún no he visto un impacto excesivo en los medios (la correspondiente noticia que resulta ser una copia casi exacta del comunicado, sí, pero poco más). Hay que destacar que la emisora iCat les ofreció un espacio en su programación a modo de homenaje. Y puede que haya habido otros, en medios minoritarios, como este modesto blog desde el que yo intento poner mi granito de arena para que se le de a esta noticia la importancia que merece. Espero que la razón para este escaso impacto mediático sea el tiempo. Me gusta pensar que en un mes veremos documentales, reportajes y artículos sobre la influencia de nuestra querida Antònia en el panorama musical. Y  no solo en el balear o el catalán. Creo que su música debería conocerse y valorarse a nivel nacional, e incluso internacional: su singularidad lo reclama. Tal vez, como la mayoría de méritos, el suyo se otorgue a título “póstumo”. Lo que es indudable es que lo merecen.

Antònia Font han explorado nuevas formas de expresión musical. Han llevado la ciencia ficción a la música y la música al espacio exterior, sin perder un ápice de cercanía con el público. Han hecho canciones estivales, invernales y de estaciones que ni siquiera conocemos. Han estimulado nuestra imaginación, y nos han dado vías para expresar lo que hasta entonces creíamos inexpresable. Han descubierto, con cada nuevo disco, un universo nuevo y muy familiar al mismo tiempo. Nunca han dejado de buscar. Ni de mostrarnos lo encontrado, como un niño enseña a sus padres cada nuevo descubrimiento que hace sobre el mundo.

Puede que todo esto suene exagerado, pero lo digo con toda sinceridad. Si conoces a Antònia, seguramente me entenderás. Y, si no la conoces, te animo a que la escuches, porque aunque nos diga adiós, deja tras de sí un enorme legado del que podemos seguir disfrutando, un legado que podemos transmitir sin dejar que quede en el olvido. Esta es mi pequeña esquela para Antònia. Y espero que reciba el reconocimiento que merece, porque, sin ella, no conoceríamos planetas que ahora nos son tan cercanos.

Adéu, Antònia… i gracis.

(punt i principi)

Descubrimientos musicales: Bensé

No voy a negar que tengo cierta debilidad por la música francesa. Edith Piaf, Yann Tiersen, e incluso Madame Zarkozy, me tienen el corazón robado. Quizá sea por eso que en cuanto escuché a Bensé, mi último descubrimiento musical, me entró ese cosquilleo en el estómago que anuncia, inequívocamente, el inicio de unos cuantos meses en los que un disco sonará en loop en mi ordenador. La última vez que me sucedió no fue un disco, sino una canción: “Strange things will happen”, de The Radio Dept. También Maria Coma me provocó una fijación obsesiva con su Magnòlia (uno de los mejores discos que he escuchado en mi humilde vida).Y ahora le toca a Bensé y a su Réédition (de 2009, pero más vale tarde que nunca…).

Nada más escuchar las primeras notas de su single “Au grand jamais”, se llena uno de positividad. Sí, me diréis que es muy poppy y estaréis en lo cierto. Pero cuando una canción me quita las penas ya puede ser la más comercial del mundo o la más bizarra, me da lo mismo.  Ese aire de música de carretera, que te hace imaginar paisajes pasando frente a la ventanilla, trae un soplo de aire fresco, de vacaciones aunque no haya vacaciones, de verano aunque el sol esté escondido (como un anuncio de Estrella Damm, vaya). Aún así, en el CD tampoco faltan los temas tristones para tardes lluviosas a los que tan bien queda el acento afrancesado. Combinado con Daughter o lo más melancólico de Russian Red, puede ayudarte a crear tu mejor momento de autocondescendencia. Sin olvidar unas onzas de chocolate, claro. Así que Bensé tiene para todos los estados de ánimo. Y la abuelilla (ignoro si familiar del cantante) que se marca un “Alma, corazón y vida” al final de algunos de los temas no nos deja más remedio que dibujar una sonrisa.

A veces se encuentran por casualidad, a veces llegan de la mano de una recomendación, pero, vengan de donde vengan, los descubrimientos musicales son siempre placenteros. Y más si vienen de Francia…