Des bouts de miroir

Crítica cultural y otros fragmentos. Un blog de Iris Carrera Lago.

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Curie, fuegos fatuos y la ligereza de vivir

La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

JovenEstudianteAplicada_

Retrato que Marie Curie dejó en el ataúd de Pierre Curie, su favorito, al que este se refería como “joven estudiante aplicada”.

 

Ayer terminé de leer La ridícula idea de no volver a verte, un libro que coincidieron en recomendarme una de mis mejores amigas y mi principal consejera literaria (por supuesto, mi madre). Y es que las coincidencias están presentes en este libro de principio a fin, tanto de forma literal, mentadas constantemente por la autora, Rosa Montero, como de forma más inmaterial, flotando en el aire a cada bocanada de lectura.

Este es un libro sobre el duelo, sobre la pérdida del ser amado. Y sobre Marie Curie, una de las grandes mujeres de la historia y prácticamente la única reconocida como tal por los libros que estudiamos de pequeños.

Rosa Montero remarca en todo momento la determinación y la valentía de Curie para abrirse paso en un mundo en que no era bienvenida, y lo hace sin beatificarla: de hecho, sugiere que ella no reivindicó en ningún momento su condición de mujer, sino más bien al contrario. Curie se consideraba una excepción, prácticamente un hombre, y el resto de mujeres, las “de verdad”, debían permanecer con sus labores y sus criaturas, haciendo “lo que se debe”. De este modo, el ensayo nos muestra la cara y la cruz de la admirable científica; sus logros profesionales y su gran fortaleza para entregarse a su trabajo al mismo tiempo que cumplía con el rol de madre y esposa que por aquél entonces se le exigía, pero también su falta de implicación en la lucha por los derechos de la mujer.

Así, con Curie y su coraje por bandera, Montero emprende un relato a través del breve diario que la polaca escribió al morir su marido Pierre, tejiendo una analogía con su propia historia, la de la pérdida de su Pablo tres años antes de escribir el libro.

Esta obra es una clara demostración de que cualquier cosa se puede contar de una forma atractiva. Yo no tenía prácticamente ni idea de la historia de Marie Curie, a pesar de años y años de colegio e instituto, de libros y libros de física y química. Rosa Montero logra adentrarse en aquello que llaman “divulgación científica”, y lo hace porque mezcla la ciencia y la historia con un montón de cosas más. Porque trenza la vida personal y científica de los Curie (y cómo no iba a hacerlo, si estaban inevitablemente trenzadas). Y, claro está, porque juega con un lenguaje coloquial, cercano, y alude constantemente al lector.

No es ningún secreto que me gustan los libros que permiten una fácil identificación con lo que te están contando, y creo que en eso no me diferencio mucho de la mayoría; hay quien lo admitirá y quien no, pero a todos nos gustan un poquito los espejos. Es muy fácil identificarse con Rosa. Y es muy fácil identificarse con Marie.

Así que uno va comprendiendo lo que significó para aquella mujer lograr el aislamiento de un ridículo gramo de radio a partir de un mineral que ahora sé que se llama pecblenda. Y lo sé porque me han contado una historia bonita, en la que Marie y Pierre pasaban horas y horas en el laboratorio, comiendo mal y pasando frío, pero haciendo algo que les quitaba el sueño y les avivaba el alma. Meses y meses de trabajo durísimo para lograr que su laboratorio brillara al fin iluminado por los fueguitos fatuos de aquel nuevo elemento llamado radio, y que les valió un Nobel. El primero de Marie Curie, que ganó dos (el segundo ella solita), y eso lo sé porque… sí, porque me lo han contado bien.

Y a pesar de todo lo que he aprendido, lo más bello de la obra me sigue pareciendo, sin duda, la ternura que se desprende de las historias de Marie y Pierre, de Rosa y Pablo. La intimidad que se entrevé entre ambas parejas, siempre a través del cristal empañado de la ventana; las pasiones compartidas, las manías comprendidas y, sobre todo, el profundo encanto de lo sencillo. Probablemente son historias tan bellas porque fueron truncadas por la muerte. Pero es tan necesaria la belleza para nuestro mundo enfermo que al final los motivos son lo de menos.

Mientras leía las últimas palabras de Rosa Montero, pensé que lo primero que haría después sería buscar aquel diario de Marie Curie que, a través de unas pocas citas, me había parecido tan bello. Y cuál fue mi sorpresa al descubrir, en la siguiente página, el regalo del diario como apéndice del libro. Qué preciosidad. Qué casualidad, una vez más.

Y las palabras de Marie, a pesar del terrible momento de dolor en que las escribió, me sonaban a pequeñas partículas de felicidad encapsulada, como aquellos fulgurantes tubitos de radio verde azulado que describe el libro. Fuegos fatuos de la vida de una mujer que amó. Una mujer que dio su vida por la ciencia (las constantes exposiciones al radio acabaron por hacer que muriera a la pronta edad de 66 años). En cualquier caso, una mujer apasionada que merece toda mi admiración, y que, como dice Montero, se diría que acabó por aprender la ligereza de vivir, aunque fuera algo tarde.

Os dejo con algunas citas:

Somos relicarios de nuestra gente querida. Los llevamos dentro, somos su memoria.

La Muerte juega con nosotros al escondite inglés, ese juego en el que un niño cuenta de cara a la pared y los otros intentan llegar a tocar el muro sin que el niño los vea mientras se mueven. Pues bien, con la Muerte es lo mismo. Entramos, salimos, amamos, odiamos, trabajamos, dormimos; o sea, nos pasamos la vida contando como el chico del juego, entretenidos o aturdidos, sin pensar en que nuestra existencia tiene un fin. Pero de cuando en cuando recordamos que somos mortales y entonces miramos hacia atrás, sobresaltados, y ahí esta la parca, sonriendo, quietecita, muy modosa, como si no se hubiera movido, pero más cerca, un poquito mas cerca de nosotros.

Cuando uno se libera del espejismo de la propia importancia, todo da menos miedo.

La creatividad es justamente esto: un intento alquímico de transmutar el sufrimiento en belleza

Hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza (…). Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad

Solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien.

(De Einstein a Curie): “Si la chusma sigue ocupándose de usted, deje sencillamente e leer esas tonterías. Que se queden para las víboras para las que han sido fabricadas”.

Cuanto más te acercas a lo esencial, menos puedes nombrarlo. El tuétano de los libros está en las esquinas de las palabras.

 

 

Tarragona le da una alegría a la cultura

El Teatre Tarragona se inaugura en un acto vistoso y emotivo

El pasado martes tuvo lugar en Tarragona la esperadísima inauguración del nuevo teatro de la ciudad, con el mismo nombre. La emoción de estrenar un nuevo teatro es todavía más grande teniendo en cuenta el contexto en el que nos encontramos, en que la cultura es uno de los ámbitos que más sufren. La capitalidad de la Cultura Catalana, sin embargo, parece haber dado a Tarragona el empujón necesario para la apertura de este nuevo espacio. Toda una alegría para la cultura de la ciudad.

El edificio abrió sus puertas con un espectáculo inaugural que empezó en la calle: representantes de distintas entidades relacionadas con las artes escénicas llevaron antorchas desde el Teatre Metropol hasta el Teatre Tarragona, como si el teatro modernista ofreciera su beneplácito y sus mejores deseos al nuevo espacio. Con el fuego de las antorchas se encendió la mecha que dio lugar a una pequeña exhibición de fuegos artificiales, dando un aire grandilocuente a la inauguración. Ayudaba la música, de un dramatismo absoluto, muy bien elegida para el momento. Asimismo, se ofreció una bengala a cada uno de los presentes para que cada uno pudiera aportar su propia “chispa” a la creación de ese instante inolvidable.

A continuación, los invitados pudimos al fin entrar en el nuevo teatro. Su diseño rehúye lo clásico de edificios como el Teatre Fortuny de Reus, pero no consigue llegar a una estética “moderna” (probablemente la que se pretendía) y se queda, al menos en la sala principal, en un estilo muy poco elegante y algo recargado. El hall consigue una apariencia mucho más acertada, sobre todo gracias a la obra del pintor tarraconense Josep Maria Rosselló, Tríptic lorquià, que preside el fondo de la sala.

Pisando por primera vez el escenario del Teatre Tarragona pudimos ver a representantes de las diferentes artes escénicas, presentados por cinco bailarinas que encarnaban a las musas correspondientes. El teatro, la danza y la música pasaron por las tablas en forma de breves representaciones, desde una concepción algo conservadora, dado que ni las artes circenses ni la magia tuvieron representación (quizá porque carecen de musa).  En este sentido, la de danza fue la más completa de las demostraciones, ya que incluyó una muestra de ballet clásico y un espectáculo contemporáneo a cargo de la Cia. Plan B. La compañía hizo gala de una sorprendente técnica, en una actuación de calidad que hizo honor a la dimensión del acto. Al mismo tiempo, las características del montaje permitieron que se exhibiera el equipamiento de iluminación del teatro.

A diferencia de la danza contemporánea, precisamente el arte ancestralmente vinculado al edificio, el teatro, fue el que menos lució en la velada. Este se limitó a una lectura dramatizada muy sencilla y con poco esfuerzo por parte de unos actores autóctonos que tenían mucho más que ofrecer (como han demostrado ampliamente en sus respectivas carreras). Para la inauguración del teatro se hubiera esperado que la actuación dramática brillara más que ninguna otra, en vez de quedarse en un sencillo ejercicio de lectura.

En cuanto a la música, quedó representada en su faceta más clásica por Àngel Òdena, que interpretó una serie de piezas operísticas. El repertorio, poco conocido, quizá no fue el más adecuado, y resultó como mínimo extraño que el barítono abandonara el escenario después de la primera pieza para beber agua. Además, antes de hacer un bis hacia el final del acto, Òdena se permitió el lujo de dar un discurso que estaba fuera de guion, con unas ínfulas que, a decir verdad, no se correspondían con la calidad de su actuación.

Antes del bis y de los saludos correspondientes, el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, dio un pequeño discurso, muy adecuado para la ocasión, pero que los presentes ya habían podido leer en el folleto que se entregaba al inicio del acto. Eso sí, no constaba escrito en ninguna parte el primer fragmento, en que Ballesteros se salió del guion, según él mismo reconoció, para recordar su infancia en lo que antaño fuera una sala de cine, mostrando a la vez su nostalgia y su alegría ante la reapertura del edificio en forma de teatro.

La noche se cerró con la actuación de la Banda Unió Musical de Tarragona, después de que se recogieran las bambalinas para mostrarnos el esqueleto del escenario. La banda ofreció una pieza contemporánea que descolocó a gran parte del público: la simulación del ambiente de una taberna por parte de los músicos, que formaba parte de la ejecución de la obra, se confundió al inicio de la pieza con la falta de compostura por parte del grupo. Los músicos salieron de la sala tocando un pasodoble e invitando al público a seguirles hacia la salida. La elección del pasodoble como cierre de la actuación ha sido censurada por algunos, pero, con el carácter alegre de la pieza, la banda consiguió crear un fin de fiesta que invitaba a salir al hall (donde se ofrecía una copa de cava a los asistentes) con una sonrisa.

El acto, pese a sus evidentes carencias, fue emotivo y estuvo lleno de sorpresas. Desde la pirotecnia inicial hasta la lluvia de papelitos de colores que cayó sobre el público hacia el final, en cada uno de los cuales se leía “Teatre Tarragona. Hi tens un paper”,  pasando por la entrega a cada persona, junto con el programa, de una copia en miniatura de la obra de Rosselló. Todo perfectamente articulado para que cada uno de los asistentes se sintiera parte de un evento irrepetible en el que se daba comienzo a una nueva etapa para las artes y, en especial, para el teatro de la ciudad. Un nuevo espacio que, esperemos, traerá consigo más variedad para la oferta cultural de Tarragona.